La principal ventaja de las arandelas de goma y caucho es su elasticidad. Esta capacidad les permite deformarse bajo presión y recuperar su forma en el montaje, ayudando a mantener el contacto entre superficies y a compensar pequeñas irregularidades, rugosidades o faltas de planicidad.
También pueden actuar como elementos de amortiguación, reduciendo vibraciones, pequeños impactos y esfuerzos derivados de movimientos, dilataciones o contracciones térmicas. Esta flexibilidad ayuda a absorber pequeñas variaciones sin recurrir a una arandela rígida.
En aplicaciones donde se busca reducir la transmisión de ruido entre superficies rígidas, las arandelas de goma pueden actuar como elemento intermedio de aislamiento acústico, limitando el contacto directo y ayudando a atenuar ruidos estructurales o golpes entre piezas.
Cuando se utilizan formulaciones eléctricamente aislantes, pueden ayudar a evitar el contacto eléctrico directo entre piezas metálicas y reducir el riesgo de corrosión galvánica cuando se combinan metales diferentes.
Frente a arandelas metálicas, las arandelas de goma también reducen el riesgo de marcas, rayaduras o daños superficiales en zonas de apoyo o contacto, además de evitar cantos vivos cortantes en la manipulación habitual.