En una fijación atornillada, este tipo de arandela debe mantener una base rígida y estable entre piezas sometidas a presión, temperatura o tensión eléctrica. Por eso se utilizan laminados técnicos, estratificados y otros materiales aislantes capaces de conservar su geometría después del apriete y mantener una distancia controlada entre componentes.
En uniones atornilladas, estos materiales soportan mejor la presión localizada que soluciones flexibles o celulares. La arandela puede trabajar como base firme bajo tornillos, tuercas, bornes o casquillos, reduciendo el riesgo de aplastamiento excesivo, pérdida de espesor o desplazamiento lateral durante el montaje.
En aplicaciones donde coinciden temperatura y tensión eléctrica, materiales como FR4, G10/G11, Presspahn, Nomex® o determinados laminados fenólicos permiten combinar aislamiento eléctrico y resistencia térmica en el punto de fijación, siempre según la calidad seleccionada y las condiciones reales de servicio.
Su capacidad aislante permite fabricar arandelas de bajo espesor para bornes, pletinas, pasamuros o conexiones donde el espacio disponible es limitado. En estos casos, la arandela ayuda a interrumpir la continuidad eléctrica sin modificar de forma importante la altura del conjunto.
La estructura reforzada de estos materiales, ya sea con tejido de algodón, papel, fibra de vidrio u otros soportes, aporta firmeza mecánica bajo el tornillo. Esto ayuda a mantener el apoyo de la fijación, aunque en materiales de base vidrio un apriete excesivo puede marcar, fisurar o deteriorar superficialmente la zona de asiento.
En montajes con aceites minerales, fluidos refrigerantes industriales o humedad ambiental, algunas familias de laminados técnicos ofrecen buena estabilidad dimensional y química. La selección debe hacerse según el fluido, la temperatura, el grado de exposición y la documentación disponible del material.