En una unión cobre-aluminio, la arandela bimetálica permite que cada cara trabaje con el metal correspondiente. Esta configuración ayuda a reducir el riesgo de corrosión galvánica en montajes expuestos a humedad, ambientes exteriores o condiciones donde pueda aparecer condensación.
Por este motivo, se utilizan especialmente en uniones eléctricas donde deben combinarse conductores, terminales, pletinas o superficies de cobre y aluminio. En estos puntos, la arandela actúa como elemento intermedio entre ambos materiales y contribuye a mantener una zona de contacto más estable.
Además de la protección frente a la corrosión galvánica, la arandela contribuye a mantener una transición eléctrica estable entre cobre y aluminio cuando existen cambios de temperatura. En un montaje correctamente diseñado y apretado, esta configuración ayuda a reducir los problemas de contacto asociados a los ciclos térmicos.
En aplicaciones eléctricas, esta estabilidad contribuye a mantener una continuidad de contacto más fiable, reduciendo el riesgo de aumento de resistencia eléctrica, calentamientos localizados o pérdida de rendimiento en la conexión.
La unión entre ambas capas metálicas permite que la corriente pase de un material a otro a través de una zona de contacto estable. Para que la arandela trabaje correctamente, es importante que las superficies estén preparadas, que cada cara quede orientada hacia el metal correspondiente y que el montaje se realice con el par de apriete adecuado.