Los fallos de una junta pueden agruparse en varios tipos: fallo mecánico —extrusión, rotura, corte, desgarro o deformación excesiva—, pérdida de capacidad de sellado por compresión permanente o relajación, degradación química por hinchamiento, endurecimiento, reblandecimiento o fisuración, fallo térmico por trabajar fuera del rango adecuado, pérdida de estanqueidad por permeación y fallos asociados al montaje o a una geometría incorrecta de la unión o del alojamiento. En muchos casos, el problema no responde a una única causa, sino a la combinación entre material, geometría, carga, estado de las superficies y condiciones reales de servicio.
Al diagnosticar un fallo, lo decisivo es distinguir la causa raíz del modo en que se manifiesta. Una extrusión visible puede deberse a una holgura excesiva, a un material demasiado blando o a una presión superior a la prevista: el síntoma es el mismo, pero la corrección es distinta en cada caso.